17.3.15

marzo



Tengo un bizcocho de zanahoria en el horno. Mañana voy a ir a visitar a una amiga y le llevaré el bizcocho que sé que le gusta, un termo de infusión humeante, y lo colocaré en la bolsa junto a las palabras llenas de amor de mi hija, que descansan en forma de carta abarrotada de corazones y nubes, encima de la repisa. Mientras con un ojo vigilo el horno, me siento en la mesa de la cocina con ganas de acariciar el teclado. Dejo con cuidado una alta copa de vino y unos pedacitos de chocolate junto al ordeandor. La radio suena de fondo, como un murmullo, hablan de fútbol, pero no presto atención... llena las ausencias, nada más. Me dispongo a escribir el post de marzo. Son casi las once de la noche, y cuando pienso en este mes me quedo en blanco. Podría decir que en Marzo suelo sorprenderme arremangada, limpiando de forma impulsiva. No lo planeo, pero de repente me sumerjo dentro de un armario, intentando dar la bienvenida al desapego, o me encuentro con un cubo de agua y jabón en los pies, enfrentándome al polvo acumulado en las persianas, o en la terraza, moviendo macetas y barriendo el suelo con el característico "ras-ras" de la escoba de caña. No estaba en los planes del día, no estaba en ninguna lista de cosas por hacer, pero lo hago, respondiendo a una necesidad vital, a un familiar impulso que invierte mis prioridades.... quizás por eso Marzo siempre me parece un mes tremendamente controvertido, porqué lucho con mis obligaciones laborales y sociales, que se enfrentan a la llamada de la primavera y lo que esta me pide, airearme, renovarme, ir quitando cada prenda, poco a poco, presa de la tentación de ese día que se alarga, y esos mediodías que invitan a descalzarse. En marzo siento cansancio, un cansancio inexplicable, pero al mismo tiempo, el exterior me tienta. Y es entonces cuando tengo la firme certeza de que el invierno ha sido más largo de lo que pensaba. De un día para otro, la Avenida está inundada de diminutas hojas verdes, verde suave, verde alegre, que se agarran a las ramas de los árboles tiñéndolo todo de un nuevo color... y el simple hecho de darme cuenta de este pequeño milagro junto a mis hijos, me llena el corazón de esperanza.


(para ilustrar este post he elegido una foto que apareció en mi cámara. No es mía, la ha hecho mi hija y está tal cual, sin filtros ni ediciones. La tomó en casa de su yaya un mediodía de este mes de Marzo)

8 comentarios :

verónica*moar cerámica dijo...

Preciosa esta hoja de tu calendario, Caterina. Mi mes de marzo está siendo agotador, tengo muchas ganas de que llegue abril y respirar un poco...
*

Lusi dijo...

Esa sensación me abruma y lo peor es que se repita cada año sin saber como evitarlo. Suerte de esos rayitos de calor y esperanza con los pies descalzos :)

Vaya fotógrafa que tienes en casa.

un beso

Anna drimvic dijo...

hay algo en tus palabras que me transmite mucha paz y tranquilidad. creo que es porque te imagino como describes y me imagino la casa en un momento de paz, en un ratito contigo misma y eso siempre da serenidad. me ha parecido un post muy bonito

Anónimo dijo...

Precioses ses teves paraules!
Mm mm coca de pastanaga, ens podries passar la recepta?
Una abraçada
Isabel

Caterina Pérez dijo...

Isabel, bona idea! Quan tingui un momentó poso la recepta al blog :))) merci!!

Caterina Pérez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Caterina Pérez dijo...

veo que ambas estamos teniendo marzos intensos ;) un besote guapa!

MorenetaOnLine dijo...

Quina captura, la Rita!