24.3.14

 

Entre bloques de pisos y plazoletas, se abrió ante nuestros ojos un aeropuerto abandonado: Tempelhof. El viento era intenso, el frío se metía por las rendijas de mi piel como pequeños cuchillos. Nos íbamos a despedir del sol en aquel espacio infinito y extraño, pero antes de que ésto sucediera, tocaba recorrer las pistas de asafalto agrietado a la caza de fotos. No tengo espíritu aventurero... no me apetecía luchar contra el viento. Las yemas de los dedos estaban a punto de caerme en pedacitos congelados, y las mangas del jersey no me llegaban para evitarlo. Así que busqué una aliada, y de chachara, y refunfuñando por el frío, nos fuímos alejando en busca de un refugio del viento. Evadiéndome como en los días de recreo y bocadillo, evitando hacer "lo que tocaba". Y aún así, en el refugio del viento estaba mi foto. Tempelhof, donde jugué al blanco y negro.

2 comentarios :

Mònica Bedmar Llaudó dijo...

Aliades contra el fred! M'encanta! Gràcies per cuidar-me tant aquella tarda. Hem de tornar a plantar-hi unes pastanagues quan faci més calor....

alvaro sanz dijo...

Y el profesor, como siempre, buscaba a las malotas de clase, esas dos redichas que lo saben todo y que con su dulzura consiguen escapar de las clases de gimnasia, de las teorías a horas intempestivas y del frío del patio.
Pero cuando las encontró, volvió a ver sus caras de niñas buenas, y le enseñaron el trabajo bien hecho. Y él sonrió, les dijo que pasaran a clase, y con una sonrisa les dijo que no lo hicieran más, deseando, que volvieran a estar juntas en aquella escuela temporal y regalar su magia a los presentes.