20.2.14



Volvíamos del cole con aquella sensación de medio relax e improvisación que proporcionan los viernes por la tarde. La conversación era animada mientras compartíamos un paquete de galletas y una tableta de chocolate. Y de repente nos paramos ante un escaparate de una tienda de objetos de segunda mano. Sin pena ni gloria, entre una colección de relojes, consolas y teléfonos, junto a una máquina de escribir y un secador de pelo, había un juguete mítico, un Cinexin. Mirándonos de reojo, allí estaba aquel pequeño aparato naranja, con su caja de colores como empañados por los años y cinco películas. ¡Precioso! Al momento me vino a la mente Andrés. Él no es muy dado a hablar de anécdotas de su infancia... de hecho, no sin cierta nostalgia, asegura que tiene bien pocos recuerdos de su niñez. Pero hay algo que ha contado en varias ocasiones: cuando tenía unos ocho años, una noche de Reyes, al oír trastear a alguien por la casa, se levantó de la cama y se encontró a su padre, medio a oscuras, probando un proyector de cine de juguete. Aquél juguete había sido comprado con mucha ilusión, pero sobretodo, haciendo un gran esfuerzo, ya que no era nada fácil, para una familia humilde de los años sesenta, permitirse según qué lujos. El padre, cuando lo vió aparecer por el umbral de la puerta, le soltó a media voz un "¿qué haces aquí a estas horas?", y acto seguido le dijo "no le digas nada a tu madre, eh?". Así fue como Andrés descubrió la verdad de los Reyes Magos, sentado junto a su padre, estrenando un juguete muy deseado, y sin que quedase muy claro quién estaba infringiendo las reglas, si el niño que se había levantado de la cama una noche de Reyes, el padre que estaba probando el juguete antes de tiempo, o los dos, por fingir que allí no pasaba nada para no disgustar a la madre. 

Y aquella tarde de viernes, después de tantos años, aquel Cinexin en un escaparate me transportaba a un recuerdo que ni tan siquiera era mío, a un Andrés de foto en blanco y negro, y a un suegro que, aunque no conocí, siempre me ha despertado ternura. En medio de la calle y delante del cristal, le expliqué a los niños qué era aquél aparato naranja y les dije que su padre, cuando era pequeño, había tenido uno y que se lo había regalado el "yayo Ramón". Y fue así como aquél trasto cobró un gran sentido "¿Se lo podemos comprar?", "¡Podría ser un regalo muy especial!", "Mamá, si él tiene este recuerdo, ésto será muy importante para él...".

Entramos en la tiendecita y preguntamos por el Cinexin del escaparate. Queríamos saber el precio y si funcionaba. Estábamos tan ilusionados que se lo contagiamos al chico que nos atendió. Salió a por pilas para poder comprobar que funcionaba, y cuando volvió, buscó un pedacito de pared blanca en un rincón de la tienda, apagó la luz de aquella zona y nos proyecto unas secuencias del "perro risitas" mientras iba ajustando el enfoque y la bombilla... solo se oía el craquear de la manivela y nuestros "¡qué chulo!". Después de explicarnos como se usaban las delicadas películas y de piropear aquel juguete de los años sesenta, lo puso con cuidado en su caja amarillenta y nos lo entregó en una bolsa de plástico.Salimos de la tienda emocionados. Empezamos a especular con la mejor ocasión para entregarle el regalo a papá. Teníamos un secreto muy grande entre manos y ésto nos hacía hablar atropelladamente y sentir una alegría tremenda.

Cuando la situación fue propicia, sentamos a Andrés en el sofá, le hicimos cerrar los ojos y colocamos la caja en su regazo. Mentiría si dijera que se puso a llorar de emoción... la verdad es que la cosa no salió como esperábamos. Eso sí, sonrió mucho, pero quizás de vernos a nosotros en tal estado de euforia, porqué nos confesó que, aunque el juguete le hacía mucha ilusión, lo que le regaló su padre era un "Cine Nic" (después lo busqué en interent, y es precioso, por cierto!)... así que, bueno, nos quedamos un pelín chascados... aunque no nos duró demasiado, puesto que a los cinco minutos estábamos todos apelotonados en un rinconcito de la habitación de los niños, a oscuras y viendo una peli de Tom y Jerry. Estar allí, con las rodillas dobladas, sentada en el suelo junto a toda la familia, me hizo darme cuenta de que sí, aquella adquisición estaba llena de sentido.


13 comentarios :

Srtaperez dijo...

Precioso tu post, me han emocionado tus palabras, yo recuerdo el cinexin que tenía mi primo y cada vez que ibamos a su casa veíamos todas la peliculas que tenía. Que recuerdos!!!!

Gretelain dijo...

Cetrina! Com pots escriure tant i tant bè??? M'ha encantat!!!

Caru Cienfuegos dijo...

el post de hoy es digno del primer premio de un concurso de relatos...me ha encantado, la emoción, la intriga del desenlace y rememorar yo misma esos fantásticos momentos que pasé junto a mis hermanos con el cinexin...me has dado una idea genial para el cumple de uno de ellos...seguro que por internet encuentro uno. Buen día!

Montse Rafí i Villar dijo...

Adelante! Atrás! Adelante! Atrás!... quants records el Cinexin i la película del Pluto que el meu germà i jo vam trinxar literalment :)

Anónimo dijo...

Quin post més xulo... jo encara tinc el Cinexin, a la buhardilla de Flix, bé li van portar els reis al meu germà.. però l'aparell em desprén moooolts bons records. Ingrid

MorenetaOnLine dijo...

Com m'hagués agradat tenir-ne un... sortia l'anunci a la TV, crec en blanc i negre quan només hi havien dos canals!

Anónimo dijo...

Quina historia mes guapa...m encanta sa teva manera de contar ses coses, me fa somiar...

Javiera dijo...

Qué bonito Caterina! Gracias por compartir lo que día a día te emociona y sorprende. Ayuda a que también nosotros volteemos a mirar nuestro entorno y reconozcamos en él todo lo extraordinario que habita en lo cotidiano.

Caterina Pérez dijo...

Caru, muchísimas gracias! Y me alegro un montón de haberte dado una idea :))) un saludo!

Caterina Pérez dijo...

Un petonet ingrid! (el meu també li van portar a mon germà, però no sé pq, el recordi molt meu ;))

Caterina Pérez dijo...

moltíssimes gràcies "anònim", de debò!

Caterina Pérez dijo...

oh, muchísimas gracias javiera, que palabras tan bonitas!

Vanessa dijo...

MARE MEVA!!! Jo tenia es cinexin aquet,... em passava hores mirant quan era petita, m'enamorava!!

fas una feina preciosa... de tot cor es precios tot!!!