27.3.13


Després de Rams


Me gusta regalar la palma y el palmón vestidos de dulces y cariños a mis ahijados. Me gusta el olor húmedo de las hojas de palmera. Me gusta que llegue domingo de ramos y nos pongamos guapos para ir a la plaza, siempre en el mismo rincón, y encontrarnos con mi abuela, mi hermana, mi madre... amigos, gente del pueblo y familia. Me gusta el laurel. Me gusta bordear la línea de lo folklórico y lo clásico y que esto se convierta en tradiciones y en un "cuando éramos pequeños" dicho por nuestros hijos convertidos en adultos. Me gusta celebrar cada época del año y actualizar el significado que se le da. Y dar la bienvenida al buen tiempo con palmas y palmones, para terminar con una barbacoa en la terraza, me parece una buena idea.

Este domingo recordé que mi abuelo nos tuvo entretenidos una tarde de domingo de ramos haciendo unas trenzas muy anchas con las hojas del palmón de mi hermano. Mi abuelo lo aprendió de joven en Palma de Mallorca, donde vivió una temporada y de la que guarda un recuerdo muy vivo y tierno. Ese tipo de trenzas se usan para realizar todas esas palmas tan trabajadas, pero también para hacer sombreros, cestas y capazos. Intenté enseñarselas a Rita y Ramon, pero no conseguí acordarme, así que cogimos el palmón y nos fuímos a visitar a mis abuelos. 

Cuando le conté mi recuerdo, le brillaron los ojos como cada vez que le cuento cualquier anécdota que tengo en la memoria de nuestra infancia con ellos. Después se puso manos a la obra... pero no se acordaba. Nos sentamos uno al lado del otro con nuestra hoja intentando recuperar el camino hacia aquel recuerdo. Y finalemente las manos de mi abuelo recordaron. 

Pasamos un buen rato, mis abuelos, los niños, mi chico y yo, deshaciendo hojas y trenzándolas. La mesa y el suelo quedaron llenos de trenzas a medias y miguitas de palma esparcidas. Mientras, charlábamos, comíamos bizcocho y la tele sonaba de fondo... y mi abuelo decía que parecíamos aquellas mujeres mallorquinas que él vió, hace casi setenta años, en los portales de las casas, sentadas en sus sillitas de boga y charlando sin parar mientras sus manos se movían solas y de sus dedos brotaban cestas y sombreros.

Quiero seguir trenzando palma cada tarde de domingo de ramos :)



Dividimos la hoja en cuatro hebras sin terminar de separarlas (aunque también se pueden usar cuatro hojas atadas por la base)

 

Cruzamos la de la derecha por encima de la siguiente

 

Cruzamos la de la izquierda por debajo de la siguiente y la colocamos por encima de la tercera.



Y así hasta el final!



5 comentarios :

verónica*moar cerámica dijo...

Qué bonito post y esa manera de ir trenzando recuerdos...

Un beso*

Núria R. Motjer dijo...

Que bonic!!! M'imagino la tarda tan maca que vau passar i hem feu enveja, de la bona però. M'agrada molt llegir-te pq tens el do de la paraula, de plasmar el que tantes vegades sento jo mateixa però soc incapaç d'escriure. M'ha encantat quan dius que vols que els teus fills adults poguin dir alló de "quan erem petits..." és una de les meves dèries, repetir alló que em van inculcar i que una espurna els quedi als meu fills.
Petonets bonica, i bona setmana santa.

A17 dijo...

que bonito!! me has hecho acordarme de mis abuelos!!!

Mònica Bedmar Llaudó dijo...

Quina nostàlgia... Els avis son una font d'inspiració constant, i tenen molts secrets amagats a les mans.

Ganxetades dijo...

Què maco!!