2.9.13



Si cuando la flor se empieza a marchitar te esperas, acompañas la planta y observas, esa misma flor espléndida, se irá despojando de su belleza, se irá secando aunque la riegues, y antes de desahacerse en pedacitos, te ofrecerá su esencia, su continuidad, en forma de semillas puras que laten, y que solo requieren de pequeñas casualidades para perpetuar la saga que llevan dentro.

Recojo las flores secas y las desmigajo para obtener sus semillas. Este año me he propuesto llevar a cabo un archivo semillero. Voy a ir anotando en cada sobre el orígen de aquella semilla, la fecha de plantación y la de recolección. Tengo semillas de las flores que plantó mi abuelo el pasado año, de manzanilla comprada en un mercado ecológico, del perejil que mi abuela lleva años cultivando entre sus macetas, de lavanda recogida en un paseo, de la albahaca que riego desde que nos mudamos a esta casa... me siento formando parte de un engranaje y de una heréncia, y si soy cuidadosa y almaceno las semillas en sus sobres, en un lugar seco, y con todas sus fechas, puedo dar una carga emotiva a este gesto que, la naturaleza hace con tanta espontaneïdad.


2 comentarios :

Olga dijo...

Un buen comienzo y una buena causa, la recompensa y satisfacción llegarán el próximo año cuando después de plantar estos pequeños tesoros obtendrás plantitas nuevas! Un abrazo!

Lola Fons dijo...

¡Qué preciosa iniciativa!!! Porque a pesar de que pase el tiempo las semillas te recordarán todo lo que ellas significan, el perejil de tu abuela, la lavanda de ese paseo....
Un saludo!!!